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Monthly Archives: December 2016

Millones de personas buscan medicamentos más baratos fuera de EE.UU.

A medida que los precios de los medicamentos han aumentado dramáticamente en la última década, decenas de millones de estadounidenses, en general respetuosos de la ley, han reaccionado cometiendo un acto ilegal: comprándolos fuera de los Estados Unidos.

Uno de ellos fue Debra Miller, de Collinston, Louisiana, quien viajó a México cuatro veces al año durante 10 años para comprar medicamentos para la diabetes y la presión arterial. Debra dejó de hacerlo en 2011, después que la patrulla fronteriza la detuviera regresando a los Estados Unidos con un suministro de tres meses que le había costado $40. La ex camionera recibió una severa advertencia, pero le permitieron quedarse con sus píldoras.

“No sé lo que hice mal”, dijo Miller, de 51 años, que ahora paga $1Ǵ al mes en Walmart por sus cinco medicamentos mientras espera inscribirse en el Medicaid.

No es un secreto que algunos estadounidenses compran regularmente medicamentos recetados en Internet o durante viajes al extranjero. Los resultados de una encuesta de la Kaiser Family Foundation (KFF) realizada en noviembre resaltan lo popular de esta tendencia. (Kaiser Health News es un programa editorialmente independiente de la fundación).

Ocho por ciento de los encuestados dijeron que ellos mismos, o alguien en su hogar, habían importado un medicamento en algún momento, una cifra que se traduce en unos 19 millones de adultos en los EE.UU., en base a las estimaciones actuales de población del Censo.

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Incluso la proporción revelada en la encuesta puede ser baja, dijo Andrew Zullo, farmacéutico clínico y estudiante de doctorado en la Escuela de Salud Pública de la Universidad Brown, quien ha investigado el tema. “Las personas se sienten incómodas al hablar sobre el costo de su propia atención médica, y no quieren admitir que están luchando para pagar sus propios medicamentos”, dijo. Algunos también pueden ser reacios a revelar que han violado la ley.

Sin embargo, el 8% es mucho más alto que en las encuestas realizadas por el Gobierno, que sugieren que el número fue de alrededor del 2% en 2011. Aunque la encuesta del gobierno se centró sólo en las compras realizadas en los 12 meses anteriores. La encuesta de Kaiser consultó a una muestra representativa nacional de 1,202 adultos.

El Internet ha facilitado la compra de medicamentos recetados en el extranjero, frecuentemente de fuentes de mala reputación, según Jaime Ruiz, portavoz del U.S. Customs and Border Protection.

La Administración de drogas y Alimentos (FDA) advirtió que muchas farmacias virtuales no son lo que parecen. Una campaña internacional en 2014 encontró que muchos paquetes de medicamentos supuestamente de Australia, Canadá, Nueva Zelanda y el Reino Unido contenían drogas de otros países, incluyendo India, China y Laos.

Zullo reconoció que los medicamentos importados podrían ser de calidad inferior o vencidos. Algunos podrían ser falsificaciones. Pero muchos medicamentos comprados en otro país son los mismos que los que compran los pacientes en los Estados Unidos.

Muchos medicamentos recetados adquiridos fuera del país cuestan la mitad o menos de lo que valen aquí.

En general es ilegal para los estadounidenses importar drogas para uso personal, según el sitio web de la FDA. Pero la ley no se aplica rigurosamente, en parte, porque es difícil vigilar la entrada de medicamentos en maletas y pequeños paquetes. Pero en 2015 la agencia federal implementó una regla que les dio a los inspectores fronterizos del gobierno una mayor autoridad para destruir las drogas importadas para uso personal en su punto de entrada.

En la encuesta de KFF, la gente que había importado medicamentos varió desde estudiantes universitarios en sus 20s hasta jubilados en sus 80s. Compraron medicamentos para tratar afecciones crónicas tales como presión arterial alta y problemas de tiroides, así como problemas agudos tales como sinusitis y acné.

Amanda Mazumder, una diseñadora gráfica de 27 años de St. Paul, Minnesota, se sintió estresada por la confusa legalidad de la situación cuando intentó comprar pastillas anticonceptivas cinco años atrás, cuando era estudiante. “Esa fue la parte más difícil, tratando de ser una ciudadana honesta, pero también obtener una receta asequible”, dijo. Ella no podía pagar $150 al mes por su método de control de la natalidad, pero encontró una farmacia canadiense por internet que vendía un suministro de tres meses por $60.

Bobby Grant, de Los Angeles, ha confiado en las farmacias extranjeras durante siete años para obtener medicamentos para el asma grave de su pareja. Grant, de 38 años, viaja internacionalmente por su trabajo en producción de espectáculos en vivo. Cada vez que está en México o en Francia, compra 10 paquetes de inhaladores y 20 paquetes de solución para el nebulizador por una fracción de lo que costarían en los Estados Unidos.

El asma de su pareja requeriría inhaladores que cuestan $300 al mes si los comprara aquí. Grant estima que ahorra al menos $2,500 al año comprando los medicamentos en el extranjero.

“La amo hasta la muerte”, dijo. “Haré lo que pueda para quitarle el estrés”.

La cobertura de KHN del desarrollo, costos y precios de drogas recetadas es apoyada en parte por la Laura and John Arnold Foundation

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In Texas, Students Help Provide Health Care for Refugees

Each Wednesday at St. Francis Episcopal Church on the north side of San Antonio, dozens of refugees from all over the world come for free care at the Refugee Health Clinic.

Students and faculty at the University of Texas Health Science Center in San Antonio have teamed up to operate one of the only student-run refugee clinics in the country.

This story is part of a partnership that includes Texas Public Radio, NPR and Kaiser Health News. It can be republished for free. (details)logo npr

In the past six years, more refugees have resettled in Texas than in any other state. That was before the state of Texas pulled out of the refugee resettlement program in September, citing concerns over terrorism.

The refugees who come seeking care are from the Middle East, southern Africa and Asia. They have fled violence and persecution. An estimated 5,000 refugees live withinŃ miles of San Antonio’s medical center.

Most who have resettled here receive temporary federal government health benefits that run out after six months or so.

“We really fill that gap before they can kind of get on their feet after they’ve lost their government benefits,” says Michael Tcheyan, a medical student who volunteers at the clinic. “We feel like it’s our duty, and it’s their right to get medical care and to be connected with services that are going to make their life better.”

Medical students from the Student Faculty Collaborative Practice of UT Health San Antonio help provide care along with students from the School of Nursing, the School of Dentistry and the School of Allied Health Professions, which includes physician assistants, physical therapy and respiratory care.

Layla Mohsin, 52, came to the clinic for dental care. She’s a teacher from Iraq who came to the U.S. with her family of seven to escape the violence.

“We left Iraq and came to the United States because there is safety here. There, there is no safety,” Mohsin says as her son, Karrar Al Gburi, interprets for her. “The main concern? The lethal explosive cars. You can get caught by an explosive car at any place, any time.”

Laxmi Adhikari, a 65-year-old old man who fled Bhutan to a refugee camp in Nepal, is being treated for an itchy stubborn rash. He sports a T-shirt with a local high school team logo, a gift from one of the many people in San Antonio who he says have welcomed him.

“It’s far better than the refugee camp,” Adhikari says through Nepalese interpreter Dal Gajmer. “I trust and believe all of the nurses and doctors. They treat me very well.”

Dental student Eduardo Vela is originally from another country, too. He understands his patients’ challenges. “If you don’t know the language, there are a lot of cultural differences. I myself grew up in Mexico, so I know a little bit of the feeling of being an outsider and then trying to fit in,” Vela says.

Third-year dental student Alex Dolbik checks the oral health of a patient at the Refugee Health Clinic in San Antonio. (Wendy Rigby/Texas Public Radio)

Third-year dental student Alex Dolbik checks the oral health of a patient at the Refugee Health Clinic in San Antonio. (Wendy Rigby/Texas Public Radio)

The refugee population has many unmet medical needs, says clinic medical director Browning Wayman. “They are in search of people to manage their high blood pressure, their diabetes, their high cholesterol, thyroid disease, mental health issues,” Wayman explains. “For a lot of us that went into medicine, we went into it to help people. This is a population that needs help, and so it’s really a joy.”

Funding for the Refugee Health Clinic is provided through the Kronkosky Charitable Foundation and St. Luke’s Lutheran Health Ministries Inc., as well as the operations budget of the Center for Medical Humanities and Ethics, part of the School of Medicine of the University of Texas Health Science Center at San Antonio. Endowment funds, individual donors and the university pitch in to cover other costs.

Texas will continue to be home to new refugees. But instead of giving financial assistance to the state, the federal Office of Refugee Resettlement will be giving that money directly to nonprofits.

Layla Mohsin, a teacher from Iraq, and her son Karrar Al Gburi are clients of the Refugee Health Clinic. (Wendy Rigby/Texas Public Radio)

Layla Mohsin, a teacher from Iraq, and her son Karrar Al Gburi are clients of the Refugee Health Clinic. (Wendy Rigby/Texas Public Radio)

The refugees don’t use the free clinic forever. The staff helps them find more permanent care. If patients need a referral to a specialist, they may have to find a way to pay for that visit.

The students and faculty also work to connect patients to whatever health coverage they might be eligible for, such as CareLink, a financial assistance program for health care services through University Health System. It’s available for Bexar County residents who do not have public or private health insurance. The cost is based on family size and income.

Navigating the health care system can be difficult even for Americans, says one of the clinic’s founders, Dr. Andrew Muck, an associate professor of emergency medicine at UT Health Science Center, so he says it is hard to imagine the difficulty for these refugees.

“You don’t speak the language, may not have a job,” Muck says. “And even though you’re in the midst of this robust health system, you can’t get in the door, can’t get over those hurdles.”

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Las doctoras pueden ser mejores para la salud de los pacientes

Cuando un paciente va al mejor hospital, generalmente tiene la esperanza de que lo atienda un doctor con conocimiento y experiencia. ¿Algo más que desear? Una médica mujer.

Esto es porque, en promedio, las mujeres doctoras pueden ser mejores tratando a los pacientes en hospitales, y manteniéndolos sanos a largo plazo, que sus contrapartes masculinos, revela un estudio publicado en JAMA Internal Medicine.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Harvard, analizó una muestra aleatoria (tomada al azar) de pacientes del Medicare hospitalizados entre enero de 2011 y diciembre de 2014, que fueron tratados por médicos internistas. En total, el equipo examinó más de 1,5 millones de internaciones, tomando en cuenta las diferencias en hospitales y los casos de los pacientes.

La conclusión: los que vieron a una médica mujer tuvieron menos probabilidades de morir dentro de los 30 días después de salir del hospital. También tuvieron menos chances de ser readmitidos dentro del lapso de un mes desde su alta inicial.

“Es probable que las mujeres médicas practiquen más la medicina basada en la evidencia, y que sigan más las directrices clínicas”, destacó Ashish Jha, profesor de la Escuela de Salud Pública de Harvard y uno de los coautores del estudio. “También es probable que se comuniquen de manera más efectiva, según reportan los pacientes”.

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Y esa tendencia, al parecer, tiene como resultado pacientes más sanos.

Sin duda, hay una idea histórica de que los pacientes a menudo consideran el género cuando eligen a un médico. Pero éste es el primer estudio en sugerir que las mujeres pueden ser más eficaces para los pacientes de ambos géneros.

Los hallazgos aparecen a medida que los hospitales están cada vez más presionados por encontrar formas de mantener a los pacientes más sanos y por más tiempo. La ley de salud de 2010 reestructuró cómo se les paga: se los recompensa por la salud de los pacientes a largo plazo y se los penaliza cuando éstos son readmitidos. Y aunque el gobierno de Donald Trump ha jurado derogar la ley, los analistas dicen que se espera que muchas de esas reformas de los pagos, que gozan de apoyo bipartidista, se mantengan.

Con estos incentivos en juego, ahora los hospitales pueden ver más valor en las mujeres doctoras que, según la investigación, consistentemente tienen salarios más bajos y menos promociones que sus homólogos masculinos.

Yusuke Tsugawa, médico e investigador asociado de la Escuela de Salud Pública de Harvard, y autor principal del estudio, señaló que “en esta época es importante comprender las características que de alguna manera están asociadas con una mayor calidad de la atención y un menor costo”. Los hospitales “podrían mirar a sus doctoras de manera ligeramente diferente, como un profesional más valioso del equipo”.

Dicho de otra manera: pagar a las mujeres doctoras menos que a los hombres no es sólo injusto, dijo Jha. En realidad es ineficiente.

“Hay cierta locura en esta idea”, dijo. “Las personas que parecen ofrecer un mejor cuidado son a las que se les paga menos. Creo que tiene muy poco sentido”.

Esa es la idea de un editorial publicado junto con el estudio: los hallazgos sugieren que los hospitales que toman en serio mejorar la salud de los pacientes deberían invertir en mejorar los salarios y otros beneficios para las mujeres, de modo que sean comparables con los de los médicos varones.

Sin embargo, no está claro por qué surge esta diferencia, o incluso lo significativa que podría ser. Las conclusiones del estudio sugieren que las mujeres son mejores comunicando y siguiendo las reglas.

Pero eso es todo conjetura, señaló Anna Parks, residente de medicina interna en la Universidad de California en San Francisco y autora principal del editorial.

“En este momento, es bastante especulativo decir lo que las mujeres están haciendo mejor que los hombres”, dijo. “Necesitamos reunir más datos para, en lugar de salir de los estereotipos, tener pruebas concretas”.

Dicho esto, la generalización de los resultados es complicada. El documento sólo analiza a los pacientes del Medicare, que son mayores, y sólo se centra en la configuración de pacientes hospitalizados. Pero Jha dijo que piensa que los hallazgos basados en el hospital probablemente se mantendrían en otros grupos de edad.

Sin embargo, esto podría no ser necesariamente cierto para otras especialidades médicas. Los investigadores ahora están examinando si el sexo del médico puede relacionarse con los resultados quirúrgicos. Tampoco está claro si los casos ambulatorios ‑por ejemplo, los pacientes que ven a un médico regular por una condición crónica- pueden producir un resultado diferente. En hospitales, los pacientes no eligen a sus doctores, destacó Jha, mientras que podrían elegir a un cirujano o a un doctor de atención primaria.

Otros señalan que se necesita mucha más investigación antes de que el sexo del médico se tenga en cuenta en la ecuación de calidad.

Las diferencias entre los doctores de sexo masculino y femenino pueden no mantenerse en un examen adicional, sugirió Mark Friedberg, científico de la RAND Corp., una entidad de expertos sin fines de lucro. Friedberg no estuvo involucrado en el estudio. Otros factores pueden importar más, como la edad del médico o la educación.

“Sería un error cambiar algo en la política pública sobre la base de estos resultados, o aconsejar a los pacientes a modificar su comportamiento basándose sólo en esta información”, dijo.

Si los resultados lo confirman, indican una forma en la que la atención de salud podría ser más eficiente y más segura para los consumidores.

“Esto debería inducirnos a observar los comportamientos específicos que estas doctoras están practicando”, dijo Parks. “Esas son las conductas que deberíamos estar inculcando en todos los médicos”.

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Adultos mayores, incluso de más de 80, pueden ser donantes de órganos

Diana Teller nunca pensó que era demasiado vieja para nada, ni para bucear, viajar por el mundo o tomar clases de italiano a edad avanzada, recordó su familia.

Por eso, cuando la vital mujer de San Diego, California, murió el año pasado a los 76, a causa de una súbita hemorragia cerebral, nadie se preguntó si era demasiado mayor para ser donante de órganos.

“Creo que nunca pensé en ella como alguien de su edad”, dijo la hija de Diana, Lori Teller, de 57 años. “Era algo que ella quería hacer”.

A pesar de esas convicciones, es raro que ocurran donaciones de adultos mayores como Teller, cuyas córneas, riñones, hígado y tejido fueron utilizados. De los 9,079 donantes de órganos fallecidos en los Estados Unidos en 2015, sólo 618 fueron de 65 años y más, según la Organ Procurement and Transplantation Network (OPTN).

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Esto se debe en parte a las políticas y prácticas en el país, que generalmente imponen límites a la edad, y regulaciones federales estrictas que penalizan a los centros cuando tienen malos resultados, reduciendo potencialmente el suministro de órganos en un país donde casi 120.000 personas esperan trasplantes, dicen expertos.

Pero un nuevo estudio realizado por investigadores de la Universidad de Torino, en el noroeste de Italia, sugiere que no se deberían excluir los órganos –en este caso los riñones- de los adultos mayores sólo por la edad.

Una revisión de cerca de 650 riñones trasplantados de donantes fallecidos entre 2003 y 2013 que tenían entre 50 y 80 años halló que la supervivencia del paciente y la función del órgano fue alta, incluso entre los donantes mayores.

“Según estos hallazgos, los órganos de donantes de edad muy avanzada representan un recurso que debería ser evaluado con precisión”, dijo el doctor Luigi Biancone, nefrólogo y autor principal del estudio publicado en Clinical Journal of the American Society of Nephrology.

El estudio se hace eco de investigaciones anteriores y refuerza una visión creciente en los EE.UU. de que los órganos más viejos deben ser considerados para algunos pacientes, dijo el doctor David Klassen, director médico de la United Network for Organ Sharing (UNOS), el grupo sin fines de lucro que supervisa el sistema de trasplantes en todo el país.

“La discusión en este país reconoce que hay potencial en el trasplante de órganos de los donantes más mayores”, agregó Klassen, quien también fue director médico de los programas de trasplante de riñón y páncreas en el Hospital de la Universidad de Maryland durante casi 30 años. “El mensaje para llevar a casa es que la edad por sí sola no debería ser un factor decisivo”.

En los EE.UU., más de 99,000 personas esperan trasplantes de riñón, incluyendo muchos en estados como California, donde puede tomar hasta una década obtener un órgano de un donante recientemente fallecido. Al mismo tiempo, más de 3,100 riñones fueron descartados el año pasado, en general debido a su cuestionable calidad, incluyendo 515 de donantes mayores de 65 años, según la OPTN.

El nuevo estudio encontró que las tasas de supervivencia de los pacientes a cinco años eran altas -88 a 90%- incluyendo 265 pacientes que recibieron riñones de donantes de 70 años y 27 que recibieron órganos de donantes mayores de 80. La supervivencia a cinco años de los riñones también fue robusta, pasando de casi el 66% en este grupo de edad a más del 75% en todas las edades.

La tasa de riñones descartados, el porcentaje rechazado por los cirujanos, osciló entre el 15 y el 20% en grupos de donantes menores de 80 años, según el estudio. Pero fue notablemente mayor en el grupo octogenario, con el 48% de los órganos rechazados, principalmente debido a problemas relacionados con la edad.

Sin embargo, eso significa que la mitad de esos órganos podrían ser utilizados, señaló Biancone, especialmente si los órganos de donantes más viejos fueran para receptores más viejos.

En los Estados Unidos, estas donaciones están aumentando lentamente. En 2015, se trasplantaron los hígados de dos donantes fallecidos mayores de 90, según datos oficiales. Otros 33 órganos se recuperaron de 27 donantes de Ȱ a 89 años.

Muchas organizaciones de adquisición de órganos (llamadas OPOs), buscan activamente a donantes ancianos, algo que sorprende a muchas familias a las que se les consultó sobre estas donaciones, dijo Lisa Stocks, directora ejecutiva de Lifesharing, la OPO de San Diego que ayudó a organizar la donación de Teller.

“Si tienen más de 65 años, piensan que, si están jubilados, sus órganos también están jubilados”, dijo.

El punto límite para buscar donaciones es 80 años, una edad mayor de la de 65 años hace una década, dijo Stocks. Hay una política similar en LifeCenter Northwest, que supervisa donaciones en Alaska, Montana, el norte de Idaho y el estado de Washington, dijo Kevin O’Connor, su director ejecutivo.

“Aquí no consideraríamos a un paciente mayor de 80 años como un donante de órganos”, dijo. “Sí seguimos los casos de personas cercanas a los 70”.

Los órganos más viejos pueden ser difíciles de colocar, especialmente en los centros de trasplantes que participan del Medicare. Estos centros están preocupados por las estrictas normas federales que exigen ciertas tasas de superviviencia del paciente y funcionalidad del órgano a un año del procedimiento.

“Ha habido mucha preocupación sobre los resultados de las donaciones de los adultos mayores si los resultados del programa de trasplante son malos”, dijo Klassen, director médico de UNOS. Las puntuaciones bajas hacen que algunos centros se muestren recelosos, agregó.

Un estudio de 2008 publicado en la revista Transplantation analizó datos de OPTN de más de 600 donantes de riñón fallecidos mayores de 70 años. Se encontró que los trasplantes se asociaron con un mayor riesgo de pérdida del riñón y con la muerte del paciente.

No hay duda de que la calidad promedio de los órganos típicamente disminuye con la edad, dijo el Dr. Robert Steiner, codirector de nefrología de trasplantes de la UC San Diego Health y director médico de Lifesharing.

Pero hay muchas excepciones, agregó.

“Cuando se mide la función renal en personas de 70 años, algunas tienen una función tan buena como un joven de 20 años”, dijo. Sólo tienes que encontrar a esa gente.

Un cambio en 2014 en la forma en que se asignan los riñones en los Estados Unidos es una forma de medirlo. Cada órgano se califica ahora en una escala de 100 puntos, el Índice de Perfil de Donantes de Riñón (Kidney Donor Profile Index, o KDPI), que estima cuánto tiempo es probable que el riñón funcione en comparación con otros.

“Como regla general, usted no pondría un riñón de alguien de 80 años en una persona de 22”, dijo Klassen. Pero puede ser apropiado trasplantar ese riñón en una de las más de 22.000 personas mayores de 65 años que están en lista de espera.

Biancone, el autor del último estudio, reconoce que su trabajo es una mirada retrospectiva de un solo centro. Sin embargo, dijo que la investigación sugiere que los donantes muy ancianos son una “fuente válida de órganos”.

En el caso de Diana Teller, sus órganos y tejidos beneficiaron a más de 50 personas, entre ellas un hombre de 65 años de California que recibió un riñón.

Este receptor no quiso ser identificado públicamente, pero Sharon Ross, portavoz de Lifesharing, dijo que está bien.

“Recibir este regalo lo salvó de ir a diálisis”, dijo.

Lori Teller espera conocer pronto al receptor para contarle acerca de su mamá, que fue una de varios donantes de órganos homenajeados en el último Desfile de las Rosas.

“El hecho de que ella quería esto y que pudo ocurrir fue realmente útil”, dijo Teller. “Nos ayudó a entender que la vida continúa, en cierto modo, a través de ella”.

La cobertura de KHN del final de la vida y enfermedades graves es apoyada por The Gordon and Betty Moore Foundation.

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Montana May Be Model For Medicaid Work Requirement

State Sen. Ed Buttrey designed Montana’s Medicaid expansion and a voluntary job training program linked to it. (Corin Cates-Carney/Montana Public Radio)

State Sen. Ed Buttrey designed Montana’s Medicaid expansion and a voluntary job training program linked to it. (Corin Cates-Carney/Montana Public Radio)

Montana State Senator Ed Buttrey is a no-nonsense businessman from Great Falls. Like a lot of Republicans, he’s not a fan of the Affordable Care Act, nor its expansion of Medicaid, the health insurance for the poor and disabled.

“We didn’t want to implement a plan that was another entitlement that just had a bunch of people signing up to get free or cheap or subsidized health care,” Buttrey said. “We wanted a plan that said, ‘We’re going to get you on. We’re going to get you healthy. We’re going to identify your barriers to employment or better employment, and then we’re going to move you off the plan.’”

So Buttrey wrote a Medicaid expansion bill for Montana that linked the health coverage to a job training program. He wanted everyone getting benefits to have to meet with a labor specialist who would help them figure out how to get a job or to get a better paying job.

The goal is to “make them healthier, get them off social programs, get them off dependence on government, get them into higher wage jobs that have a future that possibly pay benefits. That’s a great benefit for the state,” he said.

But so far, federal officials said states can’t make participation in a work program mandatory for Medicaid recipients. Montana, instead, had to make its job training component voluntary.

This story is part of a partnership that includes Montana Public Radio, NPR and Kaiser Health News. It can be republished for free. (details)logo npr

Republican leaders across the country have long angled for more state control over Medicaid. The program’s funding comes from both states and the federal government, with the U.S. Department of Health and Human Services scrutinizing states’ use of the money. In Montana and many other states, the bulk of Medicaid funding comes from the federal government. HHS in a Trump administration may let states have more leeway — in fact, Seema Verma, Trump’s pick to run that division of HHS, advocated for more state control when she helped Indiana expand Medicaid. So the door could open to more Medicaid experiments like the one Buttrey has been pushing for.

The feds’ rejection of mandatory job training meant Buttrey was barely able to win enough votes in Montana’s Republican majority legislature to pass Medicaid expansion in 2015 last April. How’s it working?

“I think it’s a success story. I love this. I’m the poster child,” says Ruth McCafferty. She is a 53-year-old single mom from Kalispell, with three kids at home. She lost her job with a lending company last spring, and she had no idea there was a new job training program available when she signed up for Medicaid. She was just focused on finding a way to afford the drugs she needs to control her diabetes and asthma.

“One inhaler that I do is $647,” she says, bringing her medication costs to about $1,000 a month. “My plan was not to get them, only, like, a couple of them that were affordable, like $60, and the rest of them I was like, I guess I’ll just be called ‘Wheezy’ from now on!”

McCafferty instead got Medicaid, filled her prescriptions, and she got free online training to become a mortgage broker. The state even paid for her 4Ǡ-mile roundtrip to Helena to take the certification exam. And now they’re paying part of her salary at a local business as part of an apprenticeship to make her easier to hire.

“It’s awesome!” she said.

Ruth McCafferty, 53, stands outside her new office in Kalispell, Mont. She says she is “the poster child” for the state’s job training program. (Eric Whitney/Montana Public Radio)

Ruth McCafferty, 53, stands outside her new office in Kalispell, Mont. She says she is “the poster child” for the state’s job training program. (Eric Whitney/Montana Public Radio)

Of the 53,000 Montanans who’ve signed up for expanded Medicaid, only about 3,000 have signed up for help getting a job. That’s in part because the federal government won’t allow states to use Medicaid money for it. To set it up here, Buttrey had to cobble together funding from other jobs programs and squeeze $1 million out of a reluctant state legislature.

Giving states the flexibility to tie their Medicaid programs to work requirements is an idea that’s likely to be popular with the new Congress and Trump administration. But health policy researcher Joan Alker, who runs the Center for Children and Families at Georgetown University, warns that it could backfire.

“I think it’s great and well worth doing to link people who might not be aware of existing job training programs or other kinds of work supports that can help them work. What I think is problematic is when this becomes a stick and not a support,” she said.

Alker said many people on Medicaid already have jobs, often low-paying ones that don’t offer health insurance, and they have little time for new training. In Montana, about two-thirds of those on Medicaid are already working. She said if people fail to meet a work requirement and then lose health benefits as a result, they’ll likely just get sicker and become less able to work.

This story is part of a partnership that includes Montana Public Radio, NPR and Kaiser Health News.

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Viewpoints: Problems Getting New Muscular Dystrophy Drug; Rep. Price’s Real Concerns

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Research Roundup: Children’s Coverage Under Repeal; Hearing Loss; Healthy Housing

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State Highlights: Texas Gets Nearly $200M In Zika Funding; Mich. Gov. Says He Has ‘No Reason To Be Concerned’ About Potential Flint Charges

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Research On Cutting Edge Drugs Missing One Thing: Minorities

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Breakthrough Ebola Vaccination Provides 100% Protection Against Disease

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